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El Foie Gras

Asociación Interprofesional de las Palmípedas Grasas

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40 rutas del foie

Mi vida sin foie

diciembre 15, 2020 de elfoiegras

Vivir la infancia entre dos países, entre dos continentes, abre los sentidos y la mente, estimula la curiosidad y el análisis y enseña, sobre todo, los principios de la relatividad einsteniana: “Todo es relativo”

Así viví rodeada de gente exquisita que despreciaban los melocotones porque solamente los conocían reblandecidos en almíbar, en lata. Mientras al otro lado, a este lado del Atlántico, pasaba lo mismo con la piña: “que asquito, tan dulce, tan lánguida”…

Pero no había que ir tan lejos. Mis abuelos tenían unos cuantos olivos y unas cuantas cepas en La Mancha. A veces, si el calendario lo permitía, ayudábamos a varear o a vendimiar en una fiesta campestre que nos dejaba desriñonados y felices.

El resultado de la cosecha se procesaba en cooperativa, en la almazara o la bodega del pueblo. El vino – una Monastell de libro- era contundente, maduro, alcohólico, corpulento… alabado como el mejor del contorno y más aún cuando se comparaba con una botella de marca comercial, de fama riojana o incluso de mítica procedencia francesa, aportada por algún emigrante en su viaje de regreso al pueblo – ¡ Bahh, estos franceses es que saben vender bien, pero esto es un aguachirli!, ¡ni color!.

La valoración sobre el aceite, sin embargo, pasó del conformismo, de “esto es lo que hay y esta cosecha ha salido muy buena” al momento en que una abuela, ya en la capital, descubrió las botellas de aceite “refinado”. Porque ser “refinado” es mucho mejor que ser un vulgar aceite rural, paleto. Y así dejaron de llegar a su casa las garrafas de aceite virgen de la almazara. Claro que por entonces no se llamaba virgen.

Otro hito de los que han marcado el aprendizaje y la relatividad fue, por ejemplo, el descubrimiento del cerdo ibérico, más concretamente del jamón. Porque el resultado de la matanza de cerdo blanco, criado en familia y conservado con buen aceite y con sabiduría en la tradición de las especias, producía sabrosos chorizos, salchichones, longanizas de todos los colores, lomos de orza….

Pero el jamón, no. Esa carne cruda y bicolor, por un lado el magro seco y salado como bacalao, por otro el tocino. Eso si que no. Además las madres y abuelas mimosas retiraban el tocino ¡que era lo único ricooo!. De modo que mientras los demás se abalanzaban a la bandejita de jamón o a los secos bocatas mi infancia se decantaba por sandwich a la plancha de jamón cocido y queso fundido. Hasta que descubrí ¡El Jamón!, una lonchita fina como una hostia que se derretía en la boca y hacía que durante un largo rato todo el paladar oliera a gloria bendita. Esa inolvidable primera vez fue en Salamanca, aunque después de la experiencia me dedique a rastrear el cerdo ibérico en toda la geografía.

Bueno, pues con el foie, no fue un descubrimiento, un grito de eureka, una queja de ¿Por qué nadie me había contado esto?. Fueron dos. Y memorables.

Durante años el término fuagrás tenia un significado único: era una grasilla aromática y un tanto artificiosa que aparecía untada en el bocadillo de las meriendas de internado, de lunes a jueves. (Los viernes, día de abstinencia cuando no de ayuno, el bocadillo era de ricas sardinas en aceite).

Un año, para la celebración de las primeras comuniones apareció en el colegio un banquete lujoso en vez del chocolate habitual. Era lo que hoy llamaríamos un Brunch, dulce y salado, para los niños y los adultos, y servido por el más famoso y rimbombante restaurante local. Todo un acontecimiento.

Pues bien, en aquellas bandejitas con su blonda plateada estaban mis bocados favoritos, salmón ahumado, huevo hilado, coctail de gambas, tartaletas de ensaladilla, merluza rebozada, huevos rellenos, croquetitas…. y en medio de aquel cuerno de la abundancia aparecieron para mi sorpresa unos canapés con lonchas de vulgar fuagrás.

Me perdió la curiosidad. Soy incapaz de resistirme a catar cualquier cosa que pase por delante de mis ojos, de modo que después de disfrutar todo lo demás acudí a la bandeja de aquellas tostaditas triangulares. La tercera la comí ya sin pan, dejando que aquel bocado cremoso se fuera disolviendo sin más que el calor de mi cuerpo. Pero no todo, no era pura crema sino algo un poco más terso, que se mantenía firme y que despertaba el paladar con una delicada punzada amargosa y a la vez dulce y salada: deliciosa.

Y pregunté, allí y después. Y asi me enteré de que los romanos cebaban a los patos y a las ocas con higos y que por eso el “hepatos” griego, palabra que ya solo se emplea en medicina, se torno en lengua vulgar en el “hígado” latino: figatum. Por los higos. Y así, entre historias y bocados, me enamoré perdidamente de aquella víscera mágica que había recorrido los siglos y seguía tan deseable, tan apreciada, tan fresca.

¿Tan fresca?. No. Ese fue el segundo descubrimiento.

El foie gras de aquel canapé y los que le siguieron eran, y son, una conserva. Sea entero o troceado se cuece y se aromatiza con licores y especias. Todo muy bien pensado y que además dura. Ahí empecé a discriminar recetas y calidades sin perder ocasión. Y ya creía que lo sabia todo, las combinaciones con sabores dulces, con toques ácidos, los refuerzos amargos…

Hasta que unos cuantos comentaristas de esto de la gastronomía convencimos al gran chef Luis Irizar de que nos diera unas clases, que nos enseñara desde dentro los secretos de la alta cocina. Con su generosidad y paciencia infinita aceptó, y nos enseñó concienzudamente a hacer el endiablado hojaldre, vuelta tras vuelta, y a no cocer las espinacas para presentarlas tibias y crujientes en una ensalada tibia – era la última moda- con cigalitas; y a desvenar un hígado de pato a ciegas, con los ojos cerrados, simplemente al tacto.

Y ese hígado fresco, en vez de cocerlo como toda la vida, convertirlo en escalopes y pasarlo por la plancha, vuelta y vuelta, para evitar que la grasa de derrita, y comerlo así, como un filete, sin más que escamas de sal y pimienta molida gruesa. Aquel tacto, aquella pureza solo se podía comparar a una pechuga de ángel, y aquel descubrimiento, aquella revelación de algo tan simple, tan evidente y a la vez tan novedoso fue una verdadera epifanía.

Y así quedó en mi memoria para siempre, para cada vez que puedo regalarme y regalar un verdadero banquete.

Ana Lorente

Periodista gastronómica, Librería gastronómica A Punto

Artículo publicado por @ElTrotamanteles 

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Publicado en: 40 rutas del foie

¿Es foie gras o es paté?

diciembre 14, 2020 de elfoiegras

Te damos las claves para diferenciarlo Aunque cada vez la cultura gastronómica es mayor hay terminología extendida, a veces equívoca, como lo relativo al foie gras. Los consumidores generalmente no conocen la diferencia entre estos productos pero, en mi caso, he de confesar que me apasiona y es uno de mis platos favoritos.

Confieso que el «foie» es, sin lugar a dudas, uno de los bocados gourmet que más disfruto en momentos especiales. Su sabor y su textura hacen de él un ingrediente perfecto en cualquier mesa, ya sea como aperitivo o como aderezo de otros platos, desde ensaladas hasta potajes.

¿Quién se resiste a un pedacito de foie gras?.

Hay datos que señalan su origen en el Antiguo Egipto (donde ya se cebaban ocas para su consumo), aunque se popularizó en Grecia y más adelante en Roma, donde un experto en la cocina de la época llamado Marcus Apicius, perfeccionó la que se conoce como la primera receta de Foie: «Iecur Ficatum».

Es el plato preferido de los franceses y el más emblemático del país galo aunque es reconocido como una «exquisitez gastronómica mundial». Los franceses se apropiaron de la receta en la corte de Luis XV bajo el nombre de «Paté à la Contades» en honor al cocinero del gobernador de Estrasburgo, el Mariscal Cotandes. La Unión Europea lo reconoce como un producto hecho con métodos tradicionales y, por tanto, con la etiqueta roja que le otorga la «calidad de primer orden» y por eso en España se puede producir.

Sin embargo, su producción está prohibida en más de 15 países por leyes específicas que lo tachan de «alimentación forzada» y, por tanto, de maltrato animal.

La temperatura en que tomamos este producto es tan importante como la del vino. Demasiado frío de la nevera, evita que aparezcan las distintas tonalidades gustativas, si lo tomamos demasiado caliente potenciaremos el punto amargo del hígado y no podremos contrastarlo debidamente en su totalidad.

La delicia francesa favorita de los sibaritas es un imprescindible en toda celebración gourmet de alto copete y que se precie de poner lo mejor y estar a la última. Pero suscita muchas dudas en su comparación con patés y mousses. No tienen nada que ver ni en sabor, ni textura ni en sus propiedades. Existe cierta confusión entre los consumidores a la hora de diferenciar foie gras de paté.

Ambos son productos que a pesar de tener ingredientes comunes, su composición y proceso de elaboración son diferentes. Se ofrece un análisis de las características de cada uno para que el consumidor elija el más adecuado según qué receta quiere cocinar.

El foie gras es el hígado sano hipertrofiado de pato u oca entero y limpio. Se suele presentar envasado al vacío y debe cocinarse inmediatamente, ya que su fecha de caducidad es de 2 a 3 días. Para poder llamarse foie gras en la Unión Europea el hígado entero debe pesar entre 350 gr y 500 gr. y debe tener un peso mínimo de 300g y 400g respectivamente si es de pato u oca.

Dependiendo del grado de cocción, el foie gras puede ser: foie gras fresco que, en general se cocina a la plancha, en medallones y con una pizca de sal y puede servirse como primer plato o acompañamiento o guarnición de una carne como el solomillo.

O, foie gras en conserva. Cocido a más alta temperatura y esterilizado, al que se pueden añadir otros componentes además del hígado de pato. Se suele preparar en canapés, acompañado de sabores como mermeladas de frutos del bosque, manzana o higos.

El foie micuit

El foie micuit es el hígado de un pato limpio semicocido. Al semicocerlo, la duración del producto es más larga. Se suele servir loncheado y fresco, y se debe conservar en temperatura de 1º a 5º, tiene una fecha de caducidad de 3 meses. Dependiendo del % de hígado graso en su composición el foie gras se clasifica en: foie gras entero, el bloc de foie gras y el foie gras a trozos.

Foie gras entier que, es 100% hígado graso entero, sin partir, lleva condimentos como sal o pimienta y se suele tomar en lonchas. Se recomienda acompañarlo de panes rústicos artesanales y de pan tostado con nueces o frutos secos. Armoniza estupendamente con vinos dulces de Jerez.

Bloc de foie gras que, es también 100%, pero en este caso se trata de una emulsión suave y cremosa a partir de trozos muy finos cortados de foie gras. Se puede tomar untado o en lonchas. Tiene una calidad excepcional, muy parecida a la del entier pero con un precio menor. Y por último, el Parfait de foie gras que, contiene 75% de hígado graso y el 25% restante puede ser hígado magro o grasa de pato, ganso u oca.

O, Mousse de foie gras que contiene el 20% de hígado graso, además de grasas animales, huevos, especias, licores etc. y está sometido a un sometido a un tratamiento de presión y color que le aporta su textura característica. El foie gras más extendido es el de pato, aunque también se comercializa el de oca. Éste de oca es más caro, más grande, se suele considerar más fino y delicado y tiene un sabor más suave, incluso dulce.

El paté

Por otro lado el paté puede ser de carne o de hígado. El paté elaborado a base de carne picada, que puede ser de pato u otros animales. Está mezclado con otros ingredientes, condimentos y aditivos. Y el paté de hígado picado también puede estar mezclado con pato u otras carnes.

Es un derivado cárnico elaborado a base de vísceras, principalmente del hígado, y carne de diversos animales, además de aditivos y especias, que le dan el sabor, textura y consistencia que necesita. En Francia se considera que es una mezcla de carnes y foie.

También, se produce con pescados y mariscos, llegando a haber una infinita gama de patés distintos en todo el mundo. Para no caer en equívocos es muy importante leer la lista de ingredientes y evitar los productos que contengan añadidos químicos. Lo ideal es comprar en tiendas gourmet especializadas donde nos aseguran una garantía de calidad y rechazo a los métodos agresivos contra los animales.

El foie gras suele ser sinónimo de excelencia, tradición, calidad y autenticidad. Espero que con esta información la diferencia quede aún más clara pues es uno de los productos más selectos del panorama culinario aún. Textura y consistencia: El foie gras es más compacto y su gusto más suave que el paté.

Por su lado el paté de carne tiene una textura más fina que la del paté de hígado que es más untuosa y ligera.

Formas de consumo: El foie gras tiene múltiples presentaciones entre ellas en bloque para untar, cocinar a la plancha o se puede incluir en muchas recetas. El paté se puede presentar para untar o en bloque.

Composición nutricional: El foie gras es rico en ácidos grasos insaturados y en hierro, muy recomendables en la alimentación. Por su lado el paté tiene un menos contenido en ácidos grasos insaturados y en hierro, debido al bajo porcentaje de foie gras en su composición.

Tan importante es conocer la materia prima que hay en España, como lo es consumirla, cocinarla y degustarla. Para conocer más información sobre el sector de las palmípedas grasas se puede acceder a www.elfoiegras.es, una nueva web que se ha lanzado para acercar toda la información del sector a la sociedad en general.

Ana Belén Toribio

Periodista

Artículo publicado por @ElTrotamanteles 

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Publicado en: 40 rutas del foie

Hablando entre tantos del foie gras: yo digo…

diciembre 11, 2020 de elfoiegras

Me invita D. Rafael Rincón a escribir algo sobre el foie para un especial que está preparando. Lo primero que he de decir es que no soy la única porque logra reunir a unas cuarenta plumas de lo mejorcito del país. Y ahí comienza mi quebradero de cabeza pues, con tanto insigne escritor/periodista que se dedica a ello, tengo muchas dudas de cómo enfrentarme a tremendo reto.

Pienso que alguno de ellos hablará de la historia del foie. Quizás haga una mención al fresco hallado en una tumba egipcia hace unos 4.500 años en Necrópolis de Saqquara, donde un esclavo está representado dándole de comer higos a una oca. El Nilo era zona de paso de patos y ocas en sus migraciones.

Con eso ya estaría documentado que no estamos hablando de un producto de hace dos días. Creo que habrá más referencias históricas.

Se sabe que los judíos en su éxodo engordaban estos ánades para obtener grasas ya que, como bien sabéis, del cerdo nada de nada. En el siglo I A.C, Horacio ya nos cuenta que aparece en un extraordinario banquete romano.

La historia da para muchos artículos.

Estoy segura que habrá quien comente la relación del foie con Francia y de cómo ya forma parte de su patrimonio cultural y gastronómico, que para eso los franceses son muy listos. Además fueron los primeros que se dieron cuenta de los beneficios del maíz traído por Colón del Nuevo Mundo para la alimentación de los animales. Osea que, a partir del siglo XV, se comienza a cebar a los patos/ocas con maíz en vez de con higos.

Deduzco que también saldrá en algún artículo las diferencias entre foie, foie gras, micuit o paté. Estará muy bien para cuando vayamos a la compra no liarnos, que no nos den liebre por pato y sobre todo, que sepamos elegir lo que nos gusta.

Sería perfecto si llegamos a saber que el paté, entendido en España como «fuagras», no es precisamente el mejor producto ya que éste es la mezcla de grasa de cerdo e hígado del mismo amo o aves, gallinas.

En Francia el paté es, significa, una pasta o mezcla de foie gras de pago y o de carnes de cerdo, caza, etc. Vamos, que no es lo que buscamos si pretendemos el auténtico foie gras.. Deberíamos saber que el denominado micuit es el hígado de pato graso semicocido (traducido del francés) y que tiene más vida al estar pasteurizado. Y que el foie o simplemente foie gras como debe denominarse, es el hígado graso que pesa entre trescientos cincuenta y quinientos gramos en el pato y alrededor de seiscientos cincuenta en la oca o ganso, es el auténtico hígado cebado o embuchado.

Con tantos insignes escribiendo sobre el foie gras se contarán muchas anécdotas o su relación personal con el producto. Yo, que provengo de un pequeño pueblo de la provincia de León, poco contacto directo, que yo recuerde, tuve con el auténtico. Eso sí, como mis padres tenían bar-restaurante sí comía paté y similares, (si no saben a qué me refiero, me remito a unas líneas anteriores).

No obstante, para documentarme, utilicé el comodín de la llamada y confirmé con mi señora madre estos datos. Del auténtico foie gras ni rastro, de patés y similares bastantes y buenos (madre dixit).

No fue hasta mi salida por otros mundos que descubrí tal singular producto, del que sigo disfrutando en cada ocasión que puedo. Supongo que de esto también hablarán mis  compañeros.

Eso sí, hace más de treinta años, unos franceses me enseñaron que el foie gras no se extiende en las tostaditas, se pone un pedazo y se come. Si no es así no me lo digan por favor, déjenme vivir en mi confusión. Es de esta forma como me gusta comerlo. Y si es acompañado con champagne o cava ya ni te cuento lo sublime que puede resultar la experiencia.

Como preferencia personal me decanto por tomarlo a la plancha y con unas escamas de sal Maldon.

Lo que no cabe ninguna duda es que este producto es uno de los grandes bocados dela humanidad, presente en las grandes mesas, incluidas las reales, y que lo asociamos a nuestras celebraciones como un producto gourmet y de excelencia.

Bueno, al lío. Que sigo sin saber realmente qué escribir sobre el foie gras y se me acaba el tiempo.

Creo que lo mejor es recomendar que lean al resto de los que participan con sus letras.

Estoy segura que será una magistral clase sobre historia, cultura y gastronomía. Yo así lo haré.

Ana Belén González Pinos

Comunicadora gastronómica

Experta y catadora oficial de Quesos y Vinos del Marco de Jerez

Artículo publicado por @ElTrotamanteles 

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Publicado en: 40 rutas del foie

Mis recuerdos de la historia y el recetario del foie gras

diciembre 10, 2020 de elfoiegras

La Historia.

Desconozco los datos de la fecha del primer experimento que se hiciera con el hígado de una oca o de un pato, ni quién ni donde consiguió tal sublime “invento” para la gastronomía mundial. (el foie pertenece al “repoker de ases” de los ingredientes culinarios acompañado del jamón de bellota, el caviar, la trufa y el AOVE).

Tengo recuerdos de mi infancia en San Sebastián en los que de vez en cuando, mis padres traían de Francia unas terrinas de foie micuit que nos dejaban “solo probar” y que compartían con sus amigos en nuestra casa, como si se tratara de un tesoro.

Era lo que hoy se llama “una delicatessen”; de hecho, bajo mi punto de vista lo sigue siendo.

Y también otro recuerdo muy real que quiero compartir con vosotros. Es la historia de unos buenos amigos visionarios y de su atrevimiento en su misión.

Hacia el año 1952, el padre de un buen amigo, viajo a la Alsacia y descubrió una granja donde se producía esta receta y otras derivadas de las ocas y patos. No solamente quedó sorprendido sino que decidió hacer lo propio en Navarra.

Adecuó un pequeño terreno de tierra, compró unas Ocas de la Alsacia y algunos patos de Las Landas y comenzó la gran aventura. La primera tarea era engordar ambas especies hasta conseguir el engorde final. La alimentación era 100% maíz; en el caso de las ocas, tres veces al día durante tres semanas y en el caso de los patos, las mismas veces pero una semana menos.

El sacrificado del animal se llevaba a cabo siguiendo el método “gavage”, seguido del despiece; básicamente destinado a la posterior obtención del foie, confit y magret. Otras partes como las mollejas y corazones no tenían valor y las plumas, valiosas pero destinadas a otro mercado.

El resultado final era conseguir unos hígados de entre unos 500/800 grs., y a partir de ahí, comenzar su elaboración, que una vez conseguida, se compartía con amigos sin ninguna intención comercial.

El Recetario

A finales de la década de los 70 un grupo de cocineros y periodistas en su mayoría vascos, adaptaron el recetario de la “nouvelle cuisine” a la gastronomía española sustituyendo productos nacionales por otros de procedencia gala tales como la mantequilla por el aceite de oliva virgen.

El resultado, como todos sabemos, fue un éxito rotundo. Pero una de las pocas recetas que dejaron intactas fue la famosa Terrina de Foie, que sigue vigente hoy en día: “atemperar el hígado, desvenarlo, especiarlo adecuadamente, cocerlo al baño maría, enfriarlo y servirlo en frío”.

Quizás el formato haya variado en determinados casos pero poco más.

Los acompañamientos tales como panes crujientes o blandos, brioche, mantequilla, lechugas varias, carnes, mermeladas o chutneys son meros comparsas. En cualquier caso, el foie gras es el rey de la receta.

La técnica actual es exactamente la misma que se utilizó por primera vez (tal y como he comenzado estas líneas), en algún lugar y en cierta fecha.

Más no se puede añadir. El foie, igual que el jamón de bellota, el caviar, la trufa y el AOVE son los imprescindibles en cualquier cocina internacional.

Y, personalmente, espero seguir degustándolo durante muchos años.

Y, por lo tanto, permítanme acabar este articulo proclamando:

¡¡ Muchísimas gracias mi querido FOIE !!

Ana Alonso de Letamendia

Periodista gastronómica

Artículo publicado por @ElTrotamanteles  

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Foie casi hasta en el bocadillo del cole

diciembre 9, 2020 de elfoiegras

El día que Rafa Rincón me propuso escribir desde mi perspectiva sobre el foie, pensé: ¿por dónde empiezo? ¿Qué significa este producto desde una visión Millennial?

Todo esto, mientras escuchaba canciones de ‘El columpio asesino’ y engullía un trozo de pan cristal embadurnado con foie gras soriano – de la casa Malvasía más concretamente -. Sin duda, uno de mis fetiches desde bien pequeña, de hecho… nunca falta una lata en mi frigorífico.

Tener esta visión retroactiva para comprender mis gustos y pensamiento actual, es vital… porque lo cierto es que siempre me ha encantado el foie gras.

Un placer que ha continuado con el consumo de este hígado especiado y cocido, y evolucionado hacia la pieza en fresco.

Así que empiezo por el comienzo…

Para mí, este producto, siempre ha sido y es lo primero que he apuntado en las tediosas listas de la compra para las cenas de Navidad… qué hubiera Coca-Cola u otros hipotéticos manjares festivos, me era indiferente. Eso sí, ¡que hubiera foie gras!.

Niña peculiar y con gustos infantiles poco convencionales, a la que flipaba la asadurilla encebollada y uno de sus platos favoritos siempre han sido las lenguas de cerdo en salsa jardinera. Así que el hecho de que disfrutara con una barra de pan de pueblo con foie gras (y ahora me entusiasme el foie fresco a la plancha) no extrañó ni extraña a nadie.

Soy carnívora nata y me gusta la casquería, obviamente, al margen del foie, de las lenguas y de esa asadurilla que os mencionaba… tuve que aprender a comer, más bien: a degustar este tipo de comida.

¿Tal vez por eso la generación Millennial no ha sido capaz de apreciar de verdad estos bocados casqueros que fueron comida de pobres, pero también de ricos en distintos momentos? Lo ignoro, pero es una posibilidad sin duda.

Dentro de mis rarezas puedo comprender que a la mayoría de las personas de mi generación les horrorice la idea de comer hígado con sal gruesa, calor y nada más.

Somos una generación cuya vida laboral comenzó a golpe de crisis, que asumió desde las aulas del colegio que el ser humano estaba matando el planeta, que se acortó los pantalones y se puso tirantes para devolver a la vida la subcultura hípster, la primera generación en ser nativos digitales y que algunos de sus logros son crear APP y filtros de Instagram, una de las generaciones “más preparadas” de la historia (o al menos, la que más ha tenido que pagar por su formación, porque sin una carrera y dos máster no eres nadie), que está viendo como una causa imposible salir de la casa de sus padres, que eludimos el compromiso y formamos familias más tarde que pronto, que algunos otros acuñan como “la generación perdida” … no es de extrañar que con toda esta presión, se nos haya olvidado aprender a disfrutar de la mesa omnívora de toda la vida.

Pete Wells, en un tweet de octubre de 2019 dijo “Los Millennials mataron el foie gras, ¿no?”. Es posible, pero creo que todavía hay un lugar para la esperanza.

¿Por qué lo digo? Te preguntarás. Porque soy Millennial y me apasiona el foie, quiero que quede claro. Y si existo yo, pueden que existan otros. Así que, #foielovers… ¡salid a la luz!

Alicia Gómez

Master superior en periodismo gastronómico, de www.devinosconalicia.com

Artículo publicado por @ElTrotamanteles  

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Publicado en: 40 rutas del foie

No corren buenos tiempos para el foie (fúa)

diciembre 4, 2020 de elfoiegras

(Me han pedido que escriba un artículo sobre el sabor de las estrellas. En defensa, apoyo y protección de uno de los astros de la gastronomía universal, capaces de elevar al 7º cielo el espíritu de los que le rodean. Quieren acabar con él).

Inimaginable relacionar el foie gras con la pirámide de Saqqara 2700 a.C. Pero en uno de sus comics en piedra tan característicos de estos monumentos funerarios, se demuestra que a las ocas ya las cebaban con higos para obtener hígados grasos.

Por los siglos de los siglos cebando palmípedas, hasta su nombre viene de aquel entonces:

» Jecur Ficatum > figue > foie. El adjetivo ficatum, que provenía de la técnica de engorde, permaneció y le dio el nombre definitivo.

Curioso, foie se escribe con tres vocales y se pronuncia con las dos restantes».

En 1651 en “Le Cuisineir Français”, el Señor de la Varenne utiliza por primera vez el término foie gras. Casi un siglo después, 1747, Le Cuisinier Gascón publica la primera receta de foie gras de oca alimentado con maíz.

Hoy se sigue alimentando a los patos de igual manera, 4720 años puliendo el sabor de las estrellas.

Mágico y único, es uno de los más grandes productos de la gastronomía mundial.

Cuando es bueno y sedoso, se convierte en una vivificante experiencia sensorial.

Tuvo un pasado rodeado de exclusividad, fascinación y celebración: ¡mi cuit y champagne!

Aunque la democratización de su consumo, que llegó con su producción generalizada en todo el mundo, trajo consigo cierta vulgarización.

Se lo decía a uno de los grandes artesanos de pato en España, el único que hay “Label Rouge” en nuestro país.

-El foie gras, el mi cuit, se ha vulgarizado tanto, que algunos parecen sacados de la lata de fuagrás del bocata de cuando éramos niños. Me resumía con una frase demoledora.

-El mi cuit lo único que lleva es sal y pimienta, luego “todo” lo que leas en la etiqueta que no sean estos tres ingredientes, básicamente es agua.

-¡No me digas! Ahora lo entiendo todo. Bueno, hay algunas elaboraciones que incluyen un poquito de azúcar, un marinado en oporto, jerez, brandy, coñac o armagnac…

-Sí claro, pero ojo, la alimentación del pato también es crucial y saberlo elaborar otro tanto.

Es curioso, pero los más trascendentes productos de la gastronomía universal son sencillos en su composición y elaboración. Sencilla es su explicación y sencilla su degustación. En este caso, unas rebanadas de pan poco tostado y caliente bastan.

El pan, siempre el pan. Es el que mejor ata los productos e incluso sus mejores recuerdos.

En una época que iba a Paris con cierta regularidad, me cogía el penúltimo avión por si me daba tiempo a alguna descubierta gastronómica.

Visitaba las calles próximas al antiguo mercado de Les Halles, para proveerme de material fungible (y mil cazuelas y accesorios). Daba gloria ver en las tiendas especializadas, los foies frescos alineados en perfecta formación, por variedades, tipos y procedencias.

Era muy difícil no sucumbir. Ya saben, la carne es débil y el foie una tentación insoportable que añade incitación al pecado. Ni san Apapucio de Cirene en sus 40 días y 40 noches del desierto lo hubiera soportado.

Uno de esos días acabé muy pronto. Nada de “cherchez la femme”… “cherchez le pied” de cochon Sainte Menehould en un barrio periférico.

Cuando llegué, se les había incendiado la cocina y el maître, que le había dicho a lo que iba, me quiso ayudar:

¿Le gusta el foie y las trufas?

¿Y a usted no?

Jejeje…

Acabo de hablar con el dueño de aquel restaurante, vaya de parte de Antoine.

El patrón esperaba al español. Mientras hacía tiempo en la pequeña barra, vi al vecino de mesa comerse una tostada de mi cuit.

Pordiooosss pordiossss, si vous plais… pedí una… pedí dos… vi que sacaban una forrada con trufa por encima. Mondieuuu Mondieuuuu… si vous plais… pedí una… pedí dos…¡uuufff!

Monsieur… que digo que ya no necesito mesa, que de postre otra de mi cuit. ¡Ouiii! Jejeje… que digo que me he quedado corto en el postre… la dernière con trufa (no eran grandes).

Por lo visto su familia era del Perigord y le mandaban todas las semanas ambos productos. Aurevoire… ¡Aaahhh! y dígale a Antoine que gracias.

Le diré lo que ha comido… jajaja (doblado de risa). ¡Chapeau monsieur!.

Fue trascendente, lo recordaré siempre. Quizás es un buen ejemplo de lo que decía: El pan ata mejor los productos y sus recuerdos.

Qué sucede si en la mesa de un restaurante dices: ¿comemos este hígado encebollado de la carta? “Todos” contestarán: noooolll… no me gusta la casquería. Pero si dices: ¿pedimos una de mi cuit al medio? A los que no les gusta la casquería dirán: ¡qué buena idea!

A todo el mundo le gusta, nadie dice no y no la consideran casquería.

Eso demuestra su excepcionalidad.

Hoy vivimos tiempos de beligerancia radical. De Colón hacia acá todo está en revisión en un clima de “guerra sin cuartel”. En la gastronomía también. Todo puede ser denigrado, destruido y abolido.

No basta con no consumir esto o aquello si no te gusta. Todo debe ser vilipendiado, malmirado, difamado, proscrito y eliminado, porque es lo consecuente. Si solo hay unos pocos belicosos y el resto del mundo está en contra de esa tesis, no importa: ¡abolición!.

Hace unas semanas re-publiqué en Los 5 Mejores, un artículo largo sobre el foie gras que había escrito hace años en Vino + Gastronomía, donde colaboré con un par de secciones más de 15 años: www.los5mejores.com/blog/todo-lo-que-siempre-quiso-saber-del-foie-gras-y-nuncasupo-donde-leerlo

Al comentar su publicación en redes sociales, en Twiter, (en las otras dos no pasó nada, claro), un par de periodistas gastronómicos, me criticaron haber escrito sobre la ricura de este producto. Alguno debió entrar a leerlo, digo yo que juzgó que no era oportuno, porque eliminó los dos comentarios en muy poco tiempo.

Hoy todo puede ser criticado con el objetivo de ser proscrito:

¿Por qué no abolimos las vacas de leche?.

Muchas atadas a un pesebre y alimentadas con el objetivo de estrujarlas las tetas con una máquina dos veces al día. Todo para que bebamos su rica leche y comamos sus deliciosos derivados. Sería un crimen sin sentido, ¿verdad?

Hay que ser mariconazo y retorcido, para inventar un anzuelo y ponerle una gusarapa para que lo muerda un pez sin saber lo que hay dentro. Él no sabe que le atravesará su mandíbula y se quedará atrapado para siempre. Miles de peces a diario, con un estrés de muerte, esperando horas a que los pescadores vuelvan a por sus palangres. Pues que se acabe el pescado mejor pescado. Que dejen de sufrir las merluzas de pincho. ¿Acabamos con ellas? ¿Una barbaridad, no?

Los conejos en jaulas y en el momento que paren las conejas, las echan al conejo para que las cubra de nuevo. Toda su vida pariendo como máquinas. ¿Nos los liquidamos también?.

Y hablando de mierda, que de todo hay en la viña del señor, ¿qué me dicen de los purines de los cerdos. los pedos y defecaciones de los vacunos? Estos se convertirán, si no lo son ya, en los primeros polucionares de la tierra. Todo porque al personal le gusta la leche, el chuletón, la cecina y los callos.

¿Qué hacemos con el vacuno de carne y los cerdos? ¿A la mierda con ellos? ¿Y por qué no con todo?.

En fin, para qué alargarme más. Tengamos la mirada puesta en defender y preservar el mundo en que vivimos y cambiemos lo que hacemos mal sin destruir.

¿Quién puede estar en contra de que no se maltrate a los animales? ¿A quién le puede parecer mal, que si hay que revisar algún proceso de alimentación se haga y encuentre el mejor camino?

Pero de eso a demonizar el foie gras y querer desterrar de su consumo hay un abismo. Si esa evolución cuesta más dinero, pues qué le vamos a hacer.

Seamos creadores de una evolución constructiva, pero no destruyamos casi 5.000 años

de un producto.

Alfredo Franco Jubete

Gastrónomo, publicista y editor de los5mejores.com

Artículo publicado por @ElTrotamanteles  

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Publicado en: 40 rutas del foie

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